
Liderazgo e Inteligencia emocional por Rogelio Fernández Ortea
Dionisio Aranzadi, en su libro El arte de ser líder empresarial hoy, cita a Peters y Waterman ( En busca de la excelencia [...] ) cuando describen el liderazgo transaccional Consiste en la formación, paciente y por lo general aburrida de coaliciones; es la deliberada siembra de camarillas confiando en que produzcan el fermento apropiado en las entrañas de la organización; es el meticuloso desplazamiento de la atención de la institución mediante el prosaico lenguaje de los sistemas de gestión; es la alteración del orden, del día para que las nuevas prioridades obtengan suficiente atención; es hacerse visible cuando las cosas se tuercen e invisible cuando funcionan bien; es formar un equipo leal en la cumbre que hable más o menos con una sola voz; es escuchar cuidadosamente gran parte del tiempo, hablar a menudo de modo alentador y reforzar las palabras con hechos creíbles, es ser duro cuando es necesario y en ocasiones se el puro uso del poder, o la “sutil acumulación de matices, un centenar de cosas hechas un poco mejor.
Peters y Waterman también aseguran que las empresas excelentes
Las acciones que señalan estos autores apuntan a una buena inteligencia intrapersonal y a una gran inteligencia social, que como sabemos, conforman la llamada inteligencia emocional.
¿Piensan ustedes que el liderazgo que ver con la Inteligencia emocional?
¿Qué tiene que ver el liderazgo transformador con la IE ?
Inteligencia Emocional e Innovación por Rogelio Fernández Ortea
Cuando hablamos de mejorar la inteligencia emocional en empresa de lo que estamos hablando es de procesos de innovación en la gestión. Nuestras empresas están necesitadas de la innovación para sobrevivir, y qué mejor que innovar en los procesos propios del management . De esta forma, los cambios afectarán a todas las personas que trabajan en la empresa, y no sólo a una parte de ellas, a un departamento o a un proceso productivo concreto. Los factores emocionales están en el centro de la gestión de las personas y en la cultura innovadora.
Pero los procesos de cambio son largos, difíciles, y necesitan la implicación de toda la organización. Además, en la institución de este proceso de cambio nos vamos a encontrar con personas entusiastas, reacias e indecisas. A la vista de esto, de su complejidad, pero también desde su necesidad de implantación, mis consejos, basados en Cherniss y Caplan, son los siguientes,
En primer lugar se debe vincular el programa de formación a una necesidad concreta de la empresa y asegurarse que un alto ejecutivo, una persona con poder y autoridad, esté comprometido con el proyecto y lo lidere.
Para esto es necesario asegurarse de que el programa esté fundamentado en una sólida investigación, y que sus estándares de calidad sean altos, con lo que el programa ha de ser que supervisado de alguna forma.
Además, es necesario que la implantación abarque toda la organización. Es conveniente empezar con los mandos directivos e intermedios para luego, más adelante, aplicarlo al resto de trabajadores.
Por último, debemos de asegurarnos de que las personas que van a implementar el programa cuenten con las competencias emocionales necesarias.
Tenemos que tener presente que estamos hablando de la puesta en marcha de una innovación, y como tal, tiene que pasar por las fases de exploración, cambio y adaptación e institucionalización.
Personalmente considero que es un esfuerzo que merece la pena. Por otro lado, tengo la convicción, que no la comprobación empírica, de que cualquier intervención en este sentido mejora la inteligencia emocional de las personas. Cualquier intervención seria, puntualizo. cherniss y caplan, puesta en práctica de programas de inteligencia emocional en organizaciones.¿Qué efecto tiene la Inteligencia emocional en la competitividad empresarial?I Por Rogelio Fernández Ortea
En la actualidad nos encontramos en un entorno económico incierto y cambiante que obliga a las empresas a desarrollar nuevas ideas en lo relativo a la gestión para no perder cotas de competitividad y adecuarse así a los nuevos paradigmas económicos. La identificación de la persona, junto con las TICs y la Innovación como factor clave de competitividad, dentro de la Economía del Conocimiento, en la actual economía global, hace necesaria la profundización en el estudio de uno de los componentes más intrínsecos y olvidados de la persona: la emoción . Con esta idea, y debido a los últimos avances de las neurociencias, se han realizado en los últimos años importantes investigaciones en el ámbito de la medición de los componentes emocionales de las principales competencias directivas.
Por lo tanto, analizar la relación que existe entre el desarrollo de las competencias emocionales directivas y la competitividad , así como la identificación de las variables emocionales que más correlacionan con ésta, supondrá un avance en la consecución de ventajas competitivas, o lo que es lo mismo, posibilitará un incremento de la competitividad empresarial en un entorno que hoy presenta una necesidad acuciante de mantener y mejorar su posición en la llamada “aldea global” y en la Nueva Economía.
Y digo esto porque no podemos olvidar que las necesidades empresariales pasan por la supervivencia de la organización, es decir, su crecimiento sostenible en el tiempo. Por lo tanto, la comprobación empírica de la correlación entre el desarrollo de las competencias emocionales de los integrantes de la organización y el incremento de sus cotas de competitividad o de productividad conseguirían que por fin desapareciera esta especie de cautela que muestra el management hacia el impulso IE. Las modas no son buenas pero, por lo que están promulgando muchos autores, la IE es mucho más que una moda, constituye un cambio de paradigmas a la hora de entender al ser humano y a sus procesos de toma de decisiones y de relación, tanto consigo mismo como con los demás. Esto, en la empresa, debe ser refrendado por investigaciones que confirmen o rechacen esta relación con los resultados empresariales.
Queremos avanzar que la tarea no tiene visos de ser fácil. El diseño de una investigación pueda comprobar la relación entre competitividad e Inteligencia Emocional será complicado y la comprobación econométrica muy difícil debido a la gran cantidad de variables “ruido blanco” que pueden impedir ver la realidad. Sin embargo...¿alguien dijo que el camino de la ciencia fuera fácil...? Pensamos que el avance en la investigación sobre IE y competitividad, la consecución de pequeños logros en este tema impulsará sobre manera la implantación de este nuevo constructo en las organizaciones...¿quién se anima?
Inteligencia Emocional: algunas cuestiones para su desarrollo en la empresa por Rogelio Fernández Ortea
Llevamos mucho tiempo intentando dar razones para intentar exponer cuáles son los beneficios de la Inteligencia Emocional aplicada a las organizaciones. Entre ellas, hemos citado la mejora del clima laboral, la reducción del absentismo, el favorecer la permanencia del talento en la organización, el incremento de la eficacia en las reuniones de trabajo... También hemos hecho hincapié en la mejora de los procesos empresariales como pueden ser la toma de decisiones, la gestión del conocimiento, la innovación, el liderazgo, el emprendedurismo, la responsabilidad social corporativa... Incluso hemos señalado hasta la saciedad la doble ventaja que tiene la IE en la organización: su aplicación por parte de los trabajadores tanto en su vida laboral como personal mejorando, de esta forma, su bienestar y aumentando su desarrollo personal, familiar y social.
Sin embargo, creo que hay otra forma de abordar este tema. Hablando el otro día con una gran persona y amiga mía, Olga Gómez, del Cluster del Conocimiento, dedicada en cuerpo y alma a la difusión de este concepto como una de las mejores formas de innovación en la gestión y desarrollo de la cultura innovadora en las organizaciones vascas, me hizo esta reflexión: “Creo que, para entrar en materia, en vez de explicar primero los beneficios, yo empezaría mostrando o haciendo ver a los directivos el coste de oportunidad de no poner remedio a situaciones emocionalmente negativas en todos los niveles, tanto en la dirección como en los equipos directivos, mandos intermedios y plantilla en general, mostrando ejemplos de situaciones concretas de pérdida de competitividad como pueden ser las reuniones infructuosas, conocimientos no compartidos, ideas perdidas, incremento del individualismo, cabreos, absentismos... Solo piensa cuánto puede costar una reunión de directivos de una empresa, de tres horas, y que no se consigan acuerdos por una mala gestión emocional...¿No deberían toma medidas para que esa situación no se volviera a procucir?”
¡La idea me pareció estupenda, y la pregunta que me hizo me gustó más! ¿Cuál es el coste de oportunidad de no gestionar la realidad emocional en las empresas? A esta pregunta siguieron otras ¿Cuánto se pierde por las emociones negativas?, ¿cuánto se deja de ganar por las emociones negativas?. En sentido positivo también las planteó y las cuestiones fueron las contrarias: Cuánto se gana con las gestión inteligente de las emociones o cuanto se podría ganar.
Estas preguntas siguen resonando en mi cabeza, aunque revisando la prensa de ayer una noticia me ha ayudado a responder las dos últimas. La revista Fortune ha sacado una de sus listas sobre las mejores empresas para líderes. En esa lista, liderada por General Electric, el segundo lugar lo ocupa Procter & Gamble. Según Fortune, Procter & Gamble, en donde trabajan 135.000 personas, una de las bases de su posición en el ranking es la contratación de personas con una desarrollada Inteligencia Emocional, las cuales pueden entender realmente las necesidades del consumidor.
No obstante, la cuestión que me inquieta, y que por eso se las traslado a ustedes para que nos puedan ayudar a contestarla, es la primera...
¿Cuál es el coste de oportunidad de no gestionar la realidad emocional de nuestras empresas?
Inteligencia Emocional y Cambio Organizacional por Rogelio Fernádez Ortea
Muchas veces nos preguntamos que tienen que ver las emociones en la empresa, o qué fundamento tiene la Inteligencia Emocional (IE) dentro de la gestión de las organizaciones. En mi opinión, tienen mucho que ver ya que las personas se configuran como pieza fundamental de la competitividad en nuestra sociedad, y las emociones constituyen a la persona tanto como su parte racional, y ambas son necesarias en una persona bien integrada.
Sin embargo, este razonamiento puede parecer demasiado general, poco concreto, y para dar otro ejemplo de la importancia de la IE en la empresa quiero hacer referencia a uno de los procesos que más incidencia tienen en el futuro de nuestra organizaciones y en nuestras vidas: el Cambio.
Mucho se ha escrito sobre este asunto y mucho más se ha invertido en él, tanto de las instituciones públicas como desde el ámbito privado, para que las personas sean capaces de abrazar el cambio en sus organizaciones. Cambio que por otro lado se hace indispensable en entornos caóticos y poco estables como los que vivimos en el que la flexibilidad se hace indispensable no sólo para los trabajadores sino también para la propias organizaciones. Pero hay algo detrás de este proceso que es capaz de impedir sus desarrollo, una emoción: el miedo.
El miedo a lo desconocido; el miedo a la pérdida de un estatus laboral conseguido durando mucho tiempo; el miedo a perder lo poco que se tiene; miedo a perder la comodidad; miedo a perder el poder; miedo al fracaso; miedo al ridículo; miedo a tomar la iniciativa; miedo a no encontrar el camino; miedo a perdernos en él; miedo a no poder volver... Miedos todos estos que paralizan el proceso, que paralizan el cambio, que nos paralizan como personas y que hace que sigamos haciendo lo mismo, incluso sabiendo que si seguimos haciéndolo tendremos más de lo mismo... la inmovilidad y con ella el fracaso, la no mejora, la extinción de la empresa.
¿Pero es siempre esta emoción una cortapisa para el cambio? No lo creo. Existe un miedo movilizador, no paralizante, que es la emoción que nos puede impulsar a los procesos de cambio organizativo. Un temor que nos prevee de lo que nos puede ocurrir de no cambiar; temor a perder nuestra posición competitiva y que hace que iniciemos el proceso de cambio. Un miedo adaptativo y que ha valido a la especie para poder sobrevivir a lo largo de toda la historia de la humanidad y que la empresa tiene que saber gestionar para aprovecharlo para su propia supervivencia, para su crecimiento y competitividad.... La diferencia entre ambos... la gestión de las emociones: la Inteligencia Emocional.
A mi entender, el saber percibir y comprender y gestionar nuestra emociones, bien sean personales como organizativas, puede ser la diferencia entre la supervivencia y la extinción, entre el cambio y el inmovilismo, entre la permanencia y la innovación. Debemos saber gestionar inteligentemente las emociones para que su fuerza sea capaz de movilizarnos y, con rostros, a la organización hacia nuevos espacios de competitividad organizacional y de mayor felicidad personal. Espacios, en definitiva, para el cambio.
Y con esta reflexión sobre las emociones y el cambio, me gustaría plantearles dos preguntas...
¿Qué harían si no tuvieran miedo?
¿Qué cambiarían en sus vidas y en su trabajo?
Inteligencia emocional y Cultura por Rogelio Fernández Ortea
Parece que la comunidad científica está de acuerdo en que existen una serie de emociones universales entre las que se encuentran la alegría, la ira, el miedo y el asco. Todas estas emociones son reconocibles en cualquier parte del mundo. Sin embargo, parece que también los expertos en el estudio de las emociones están de acuerdo en que la cultura tiene un efecto doble en el proceso emocional: en la valoración del estímulo emocional y en la adecuación de la respuesta emocional subsiguiente.
A tenor de esto, mi inquietud es la siguiente: si las emociones tienen un componente cultural determinante en su valoración y en su respuesta ¿podemos hablar de metodologías universales de educación emocional?. En un entorno cada vez más multicultural ¿cómo vamos a conseguir que se desarrolle la Inteligencia Emocional tanto en la educación, como en la empresa o en el tejido social? ¿Va a ser posible esta formación teniendo solamente en cuenta la cultura predominante? ¿Pueden las nuevas tecnologías mitigar estas diferencias y universalizar este tipo de formación?
Perdonen ustedes tantas preguntas pero en un entorno cada vez más diverso, más multicultural, creo que estas cuestiones deberían ser tratadas para facilitar el desarrollo de la IE en comunidades que son ya, por definición y por composición étnica, muy diversas.
¿Qué opinan ustedes? ¿Qué grado de importancica le conceden a la cultura dentro del ámbito de la IE ?
¿Qué efecto tiene la Inteligencia emocional en la competitividad empresarial? Por Rogelio Fernández Ortea
En la actualidad nos encontramos en un entorno económico incierto y cambiante que obliga a las empresas a desarrollar nuevas ideas en lo relativo a la gestión para no perder cotas de competitividad y adecuarse así a los nuevos paradigmas económicos. La identificación de la persona, junto con las TICs y la Innovación como factor clave de competitividad, dentro de la Economía del Conocimiento, en la actual economía global, hace necesaria la profundización en el estudio de uno de los componentes más intrínsecos y olvidados de la persona: la emoción . Con esta idea, y debido a los últimos avances de las neurociencias, se han realizado en los últimos años importantes investigaciones en el ámbito de la medición de los componentes emocionales de las principales competencias directivas.
Por lo tanto, analizar la relación que existe entre el desarrollo de las competencias emocionales directivas y la competitividad , así como la identificación de las variables emocionales que más correlacionan con ésta, supondrá un avance en la consecución de ventajas competitivas, o lo que es lo mismo, posibilitará un incremento de la competitividad empresarial en un entorno que hoy presenta una necesidad acuciante de mantener y mejorar su posición en la llamada “aldea global” y en la Nueva Economía.
Y digo esto porque no podemos olvidar que las necesidades empresariales pasan por la supervivencia de la organización, es decir, su crecimiento sostenible en el tiempo. Por lo tanto, la comprobación empírica de la correlación entre el desarrollo de las competencias emocionales de los integrantes de la organización y el incremento de sus cotas de competitividad o de productividad conseguirían que por fin desapareciera esta especie de cautela que muestra el management hacia el impulso IE. Las modas no son buenas pero, por lo que están promulgando muchos autores, la IE es mucho más que una moda, constituye un cambio de paradigmas a la hora de entender al ser humano y a sus procesos de toma de decisiones y de relación, tanto consigo mismo como con los demás. Esto, en la empresa, debe ser refrendado por investigaciones que confirmen o rechacen esta relación con los resultados empresariales.
Queremos avanzar que la tarea no tiene visos de ser fácil. El diseño de una investigación pueda comprobar la relación entre competitividad e Inteligencia Emocional será complicado y la comprobación econométrica muy difícil debido a la gran cantidad de variables “ruido blanco” que pueden impedir ver la realidad. Sin embargo...¿alguien dijo que el camino de la ciencia fuera fácil...? Pensamos que el avance en la investigación sobre IE y competitividad, la consecución de pequeños logros en este tema impulsará sobre manera la implantación de este nuevo constructo en las organizaciones...¿quién se anima?
Inteligencia Emocional: algunas cuestiones para su desarrollo en la empresa por Rogelio Fernández Ortea
Llevamos mucho tiempo intentando dar razones para intentar exponer cuáles son los beneficios de la Inteligencia Emocional aplicada a las organizaciones. Entre ellas, hemos citado la mejora del clima laboral, la reducción del absentismo, el favorecer la permanencia del talento en la organización, el incremento de la eficacia en las reuniones de trabajo... También hemos hecho hincapié en la mejora de los procesos empresariales como pueden ser la toma de decisiones, la gestión del conocimiento, la innovación, el liderazgo, el emprendedurismo, la responsabilidad social corporativa... Incluso hemos señalado hasta la saciedad la doble ventaja que tiene la IE en la organización: su aplicación por parte de los trabajadores tanto en su vida laboral como personal mejorando, de esta forma, su bienestar y aumentando su desarrollo personal, familiar y social.
Sin embargo, creo que hay otra forma de abordar este tema. Hablando el otro día con una gran persona y amiga mía, Olga Gómez, del Cluster del Conocimiento, dedicada en cuerpo y alma a la difusión de este concepto como una de las mejores formas de innovación en la gestión y desarrollo de la cultura innovadora en las organizaciones vascas, me hizo esta reflexión: “Creo que, para entrar en materia, en vez de explicar primero los beneficios, yo empezaría mostrando o haciendo ver a los directivos el coste de oportunidad de no poner remedio a situaciones emocionalmente negativas en todos los niveles, tanto en la dirección como en los equipos directivos, mandos intermedios y plantilla en general, mostrando ejemplos de situaciones concretas de pérdida de competitividad como pueden ser las reuniones infructuosas, conocimientos no compartidos, ideas perdidas, incremento del individualismo, cabreos, absentismos... Solo piensa cuánto puede costar una reunión de directivos de una empresa, de tres horas, y que no se consigan acuerdos por una mala gestión emocional...¿No deberían toma medidas para que esa situación no se volviera a procucir?”
¡La idea me pareció estupenda, y la pregunta que me hizo me gustó más! ¿Cuál es el coste de oportunidad de no gestionar la realidad emocional en las empresas? A esta pregunta siguieron otras ¿Cuánto se pierde por las emociones negativas?, ¿cuánto se deja de ganar por las emociones negativas?. En sentido positivo también las planteó y las cuestiones fueron las contrarias: Cuánto se gana con las gestión inteligente de las emociones o cuanto se podría ganar.
Estas preguntas siguen resonando en mi cabeza, aunque revisando la prensa de ayer una noticia me ha ayudado a responder las dos últimas. La revista Fortune ha sacado una de sus listas sobre las mejores empresas para líderes. En esa lista, liderada por General Electric, el segundo lugar lo ocupa Procter & Gamble. Según Fortune, Procter & Gamble, en donde trabajan 135.000 personas, una de las bases de su posición en el ranking es la contratación de personas con una desarrollada Inteligencia Emocional, las cuales pueden entender realmente las necesidades del consumidor.
No obstante, la cuestión que me inquieta, y que por eso se las traslado a ustedes para que nos puedan ayudar a contestarla, es la primera...
¿Cuál es el coste de oportunidad de no gestionar la realidad emocional de nuestras empresas?
Inteligencia Emocional y Cambio Organizacional por Rogelio Fernádez Ortea
Muchas veces nos preguntamos que tienen que ver las emociones en la empresa, o qué fundamento tiene la Inteligencia Emocional (IE) dentro de la gestión de las organizaciones. En mi opinión, tienen mucho que ver ya que las personas se configuran como pieza fundamental de la competitividad en nuestra sociedad, y las emociones constituyen a la persona tanto como su parte racional, y ambas son necesarias en una persona bien integrada.
Sin embargo, este razonamiento puede parecer demasiado general, poco concreto, y para dar otro ejemplo de la importancia de la IE en la empresa quiero hacer referencia a uno de los procesos que más incidencia tienen en el futuro de nuestra organizaciones y en nuestras vidas: el Cambio.
Mucho se ha escrito sobre este asunto y mucho más se ha invertido en él, tanto de las instituciones públicas como desde el ámbito privado, para que las personas sean capaces de abrazar el cambio en sus organizaciones. Cambio que por otro lado se hace indispensable en entornos caóticos y poco estables como los que vivimos en el que la flexibilidad se hace indispensable no sólo para los trabajadores sino también para la propias organizaciones. Pero hay algo detrás de este proceso que es capaz de impedir sus desarrollo, una emoción: el miedo.
El miedo a lo desconocido; el miedo a la pérdida de un estatus laboral conseguido durando mucho tiempo; el miedo a perder lo poco que se tiene; miedo a perder la comodidad; miedo a perder el poder; miedo al fracaso; miedo al ridículo; miedo a tomar la iniciativa; miedo a no encontrar el camino; miedo a perdernos en él; miedo a no poder volver... Miedos todos estos que paralizan el proceso, que paralizan el cambio, que nos paralizan como personas y que hace que sigamos haciendo lo mismo, incluso sabiendo que si seguimos haciéndolo tendremos más de lo mismo... la inmovilidad y con ella el fracaso, la no mejora, la extinción de la empresa.
¿Pero es siempre esta emoción una cortapisa para el cambio? No lo creo. Existe un miedo movilizador, no paralizante, que es la emoción que nos puede impulsar a los procesos de cambio organizativo. Un temor que nos prevee de lo que nos puede ocurrir de no cambiar; temor a perder nuestra posición competitiva y que hace que iniciemos el proceso de cambio. Un miedo adaptativo y que ha valido a la especie para poder sobrevivir a lo largo de toda la historia de la humanidad y que la empresa tiene que saber gestionar para aprovecharlo para su propia supervivencia, para su crecimiento y competitividad.... La diferencia entre ambos... la gestión de las emociones: la Inteligencia Emocional.
A mi entender, el saber percibir y comprender y gestionar nuestra emociones, bien sean personales como organizativas, puede ser la diferencia entre la supervivencia y la extinción, entre el cambio y el inmovilismo, entre la permanencia y la innovación. Debemos saber gestionar inteligentemente las emociones para que su fuerza sea capaz de movilizarnos y, con rostros, a la organización hacia nuevos espacios de competitividad organizacional y de mayor felicidad personal. Espacios, en definitiva, para el cambio.
Y con esta reflexión sobre las emociones y el cambio, me gustaría plantearles dos preguntas...
¿Qué harían si no tuvieran miedo?
¿Qué cambiarían en sus vidas y en su trabajo?
Inteligencia emocional y Cultura por Rogelio Fernández Ortea
Parece que la comunidad científica está de acuerdo en que existen una serie de emociones universales entre las que se encuentran la alegría, la ira, el miedo y el asco. Todas estas emociones son reconocibles en cualquier parte del mundo. Sin embargo, parece que también los expertos en el estudio de las emociones están de acuerdo en que la cultura tiene un efecto doble en el proceso emocional: en la valoración del estímulo emocional y en la adecuación de la respuesta emocional subsiguiente.
A tenor de esto, mi inquietud es la siguiente: si las emociones tienen un componente cultural determinante en su valoración y en su respuesta ¿podemos hablar de metodologías universales de educación emocional?. En un entorno cada vez más multicultural ¿cómo vamos a conseguir que se desarrolle la Inteligencia Emocional tanto en la educación, como en la empresa o en el tejido social? ¿Va a ser posible esta formación teniendo solamente en cuenta la cultura predominante? ¿Pueden las nuevas tecnologías mitigar estas diferencias y universalizar este tipo de formación?
Perdonen ustedes tantas preguntas pero en un entorno cada vez más diverso, más multicultural, creo que estas cuestiones deberían ser tratadas para facilitar el desarrollo de la IE en comunidades que son ya, por definición y por composición étnica, muy diversas.
¿Qué opinan ustedes? ¿Qué grado de importancica le conceden a la cultura dentro del ámbito de la IE ?